Hoy he despertado con ganas de escribir. Lo que sea. Recuerdo que tengo un informe pendiente, un informe "serio" que debería haber entregado hace una semana y que no lo hice por falta de inspiración. Supongo que ya no soy responsable, o quizá nunca lo fui. Eso es. Aun tengo la ropa de dormir puesta y me siento calientita en medio de la lluvia. No tengo ganas de ir a trabajar, ya no tengo ganas de hacer nada hace mucho tiempo. Me pongo la ropa y las botas, es un día en el bosque, uno más, y ya me sé de memoria todo el recorrido: dónde tengo que parar, qué ruta tomar, y qué responder si alguien me pregunta a dónde voy vestida así.
No te importa. Estoy en el bosque. Mientras camino, converso conmigo y de vez en cuando sonrío cuando veo algunas flores. Pienso que aún me recuerdan a alguien. Camino y sin darme cuenta caigo dentro de un hueco, que se ha formado con mi peso después de caer tantas veces ahí... imagino que si continúo cayendo, un día ese hueco me llevará al otro lado del mundo, ese lugar que sin conocer ya se siente mío.
No seas tonta, ese hueco tendrá que pasar primero por una masa candente en el núcleo de la tierra y te quedarás ahí hecha fritura. Aún sigo en el hueco, siento que quiero dormir y olvidarme de todo. Olvidarme de mi o recordar cuando era niña y era feliz jugando a construir casas. Pero, ¿cuándo dejé de ser niña? Observo a mi alrededor: todo se dibuja de verde con marrón y arriba el cielo es gris. Empiezo un relato en mi cabeza que se llena de expresiones crudas, palabras que he leído en unos artículos sobre los encuentros sexuales de una tipa. No me gusta, no puedo escribir así. Saco mi libreta y encuentro su foto. Me gusta, creo que hoy (le) escribiré.