Usted
está viajando al trabajo, o se encuentra abocado en sus quehaceres, cuando de
pronto un olor penetra por su nariz y su cerebro hace sinapsis. Un recuerdo
borroso invade su cabeza. Siente la necesidad de volver a inhalar ese olor,
esta vez, para avivar el recuerdo, para recuperar la compostura, para
prepararse ante la reminiscencia. Durante los siguientes segundos, sus sentidos
se agudizan, su cerebro explora los vericuetos de la memoria mientras su nariz
sigue escudriñando el origen del aroma. Por momentos, pareciera
tener la respuesta, se esfuerza por llegar al desenlace. Pasan algunos minutos
y usted sigue sin saber, pero insiste en su hazaña pues está convencido que esa
evocación le dibujará esa sonrisa que no apareció hoy en su día. Pero el olor
se va esfumando y pronto, la estela que dejaron las partículas de su esencia va
desapareciendo y junto con ella sus deseos de persistir. De alguna forma, le
contenta saber que pudo ser un recuerdo bonito, tal vez algo relacionado a su
infancia, o a su más reciente conquista amorosa. Aunque usted sabe al final que “los recuerdos suelen contarnos mentiras” (JMS).
21/3/16
14/3/16
El carnaval en Iquitos
En Iquitos, el carnaval no se celebra, se vive. Esta
tradicional fiesta, que con sus coloridos elementos y su parafernalia acompañan
la vida de los loretanos, ha sabido ganarse un lugar en el corazón de cada
habitante del majestuoso nororiente peruano. Las canciones que hacen gala a
esta celebración suelen llevar en sus letras símbolos propios de esta tierra
caliente, que con doble sentido causan una risa maliciosa entre los escuchas.
El carnaval usualmente acontece en los meses de Enero y Marzo; aunque no tiene
fecha de inicio, todos y cada uno de los habitantes saben exactamente cuánto
comienza y cuándo termina. Entre los elementos tradicionales de esta fiesta tenemos a las humishas, palmeras que han sido extraídas de
remotos lugares, pues las que se hallaban cerca fueron desapareciendo mientras
se perpetuaba el fulgor de esta fiesta. Para los botánicos, las hay del género Euterpe "huasaí", Socratea "sachapona" y hasta Iriartea "huacrapona". Pese a la alegría que esta fiesta genera en sus fanáticos, hasta la fecha nadie ha medido el triste impacto ambiental de esta celebración ni cuál sería el beneficio del abandono de esta tradicional fiesta.
La celebración del carnaval goza de una fama nacional. Lo celebran en la Costa, Sierra y Selva, lugares cuyas carencias del recurso hídrico se muestran conspicuas en el IV Censo Nacional Agropecuario (2012), según el cual, la superficie agrícola no trabajada es de 774 882 ha (30.1% del territorio nacional peruano es de uso agropecuario), y se debe principalmente a la falta de agua, que en Costa es de 55%, Sierra de 32% y Selva 13%. Ante esta problemática, ¿puede el carnaval constituir algo más sino un despilfarro de agua? Sobre la extracción de palmeras también es preciso mencionar que nace un grave problema. De las palmeras mencionadas, Euterpe y Socratea suelen habitar lugares tan poco explorados como valorados, conocidos como "aguajales", hábitats dominados por el "aguaje" Mauritia flexuosa, cuyas condiciones ambientales y de saturación de agua hacen posible la convivencia de especies únicas que no podrían sobrevivir en bosques de tierra firme. La remoción de estas palmeras modifica el microclima de estos "aguajales" al abrir la cobertura vegetal y permitir el ingreso de más rayos solares, los cuales evaporarán paulatinamente el agua estancada y merced la cual es posible contar con grandes montos de carbono acumulado en el suelo (Lahteenoja et al., 2009).
Sin mencionar los accidentes y muertes que se añaden a la estadística, el carnaval no solo es una amenaza para la distribución justa del agua, sino también para la biodiversidad.
Sin mencionar los accidentes y muertes que se añaden a la estadística, el carnaval no solo es una amenaza para la distribución justa del agua, sino también para la biodiversidad.
11/3/16
"Otro día"
En la película, En busca de la felicidad, Christopher Garden sostiene la siguiente conversación con su hijo:
Hijo: ¿No íbamos a ir al partido?
Chris: Depende. Yo no he dicho que vayamos a ir al partido.
Hijo: Dijiste que probablemente.
Chris: No, yo sólo dije que posiblemente... Probablemente significa que hay bastantes posibilidades de que vayamos al partido. Posiblemente significa que puede que vayamos o puede que no.
Hijo: Vale...
Chris: Entonces, ¿qué significa probablemente?
Hijo: Que hay muchas posibilidades.
Chris: Y, ¿qué significa posiblemente?
Hijo: Pues... ¡que no vamos al partido!
¿Le parece familiar? ¿Cuántas veces, como padres, hemos desviado la ilusión de nuestros críos con frases tales como "posiblemente", o quizá "otro día"? En un día de Noviembre, en la ciudad, me encontraba viajando sin destino en el transporte público, disfrutando de lo que parecería uno de los pocos momentos en que no tengo nada de qué preocuparme. En el asiento trasero, viajaba una familia constituida por los padres y dos niños cuyas edades oscilaban entre 3 y 4 años. De pronto, uno de los pequeños se dirigió a su madre con voz trémula y no sabiendo muy bien si su petición sería acatada:
- Mamá, no quiero ir al jardín nunca más. Nunca más.
La madre, ignorando las razones por las que el pequeño nunca más deseaba asistir al jardín, le respondió:
- Pues tendrás que ir. Mañana es el día de tu actuación y ya hemos comprado tu disfraz.
En su último intento por disuadir a su madre, el pequeño solo atinó a replicar:
- Quiero ir otro día.
Luego del suceso, no pude evitar pensar en lo que ese "otro día" significaría para el niño, o lo que los padres quieren dar a entender cuando lo dicen. Por ejemplo, si usted es madre o padre, probablemente le resulte familiar expresiones de inclemencia tales como "mejor otro día", "¿qué tal en otro momento?", "Ahora no", dichas en situaciones en que sus hijos han deseado algo y usted se los negó excusándose en el futuro, en ese "otro día" que quizá nunca llegará y que nunca llegó. Con el tiempo, estas frases se van acumulando en el acervo de palabras que a diario les heredamos a nuestros hijos, y junto con la decepción, "otro día" se vuelve más bien en un sólido "nunca".
Como madre, debo aceptar que una de las tareas más difíciles es entablar negociaciones con los hijos, y no tanto por que ellos no entiendan nuestra defensa cuando queremos llegar a un acuerdo, sino porque la propia impericia de una madre primeriza me hace cometer errores en este arte. No cabe duda que Joan Manuel Serrat tenía justa razón cuando nos deleitaba cantando "a menudo los hijos se nos parecen; así nos dan la primera satisfacción". Procuremos que esa semejanza sea la mejor versión de nosotros mismos.
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