28/7/15

Ella

Cuando la conocí era apenas una jovencita. Tenía ese 'algo' que a todos les llama la atención, pero que yo no pude ver sino hasta ahora, diez años después de haber perdido el contacto con ella. A penas la vi, supe que la chica que conocí años atrás en un barrio de tierra, no había cambiado mucho, salvo por su sonrisa tímida que para mí era aún más bella y por los dos niños que ahora la cogían de ambas manos. Después de unos segundos, me enamoré. Sí, me enamoré de ella.

No recordaba su historia. Como dije, la conocí cuando sus sueños eran más grandes que sus preocupaciones y se dejaba volar con ellos. Éramos amigos. Solía buscarla de noche, en medio de un caótico y desenfrenado estado de confusión que nacía al verla, pues no sabía muy bien si debería besarla ahora o nunca. Mientras la veía, sabía que de haberlo hecho, de haberla besado, no recordaría el sabor de sus labios tersos, que hoy deseaba arrugar con locura.

No quiero contar esta historia como la típica historia de amor que todos conocen. Está bien, no soy tan típico después de todo, pero ella se merece algo mejor. Lo pienso y lo digo, porque después de diez años de ver a la misma persona, después de haber conocido miles de sonrisas, miles de rostros, miles de cuerpos, en ese instante, era su sonrisa, su rostro y su cuerpo los que deseaba para mi. No era un secreto para nadie, ni para ella misma, que no podía controlar mi actitud cuando la tenía cerca. Sus delicadas manos podían tocar mi alma y aún así no dejar huellas sobre mi. Era diáfana; no sé si esta palabra sea justa, pero decir que era un ángel quizá suene a mentira dado que los ángeles andan en un estado de extinción por estos días. ¿Quién podría creerme que ella era, en efecto, la versión más hermosa de un ser sobrenatural? Solo yo, y al parecer su esposo.

Me dejó desconcertado descubrir que era casada, y lo hice en una de esas frías noches de otoño, cuando las hojas y sus colores parecían anunciarme que las horas más tristes de mi vida se asomaban y que sería la última vez que vería los colores antes de encontrarlo todo gris. Allí estaba ella, con su belleza radiante, enlazada de brazos con otro hombre, a quien años atrás le habría entregado su corazón con un "Sí, acepto" que desbordaba de dicha. Ella, con su sonrisa juguetona, sus risitas que le daban cosquilleos a mi corazón y que hacían vibrar mi existencia de un amor desconocido e inexplorado durante años, ahora se convertía en un sueño inalcanzable, un futuro sin construir, una ilusión que se diluía con las lágrimas que brotaban de mis ojos con prisa, esperando que se acaben para no volver a llorar.

2 comentarios:

  1. Hola Nicole. Google me sugirió la lectura de tu blog, y entré de curiosa... y me he dado con un grato hallazgo.
    Hay una película que se parece a tu relato, te dejo el link, imagino que te va a gustar. Se llama 500 days of Summer.
    https://www.youtube.com/watch?v=73MCarRn-4w
    Un abrazo!

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    1. Hola La Pata:

      Gracias tu comentario. Me parece que la película que recomiendas tiene pocas cosas en común con mi relato, salvo por el hecho de que él no se queda con ella al final. Un abrazo :)

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