En Iquitos, el carnaval no se celebra, se vive. Esta
tradicional fiesta, que con sus coloridos elementos y su parafernalia acompañan
la vida de los loretanos, ha sabido ganarse un lugar en el corazón de cada
habitante del majestuoso nororiente peruano. Las canciones que hacen gala a
esta celebración suelen llevar en sus letras símbolos propios de esta tierra
caliente, que con doble sentido causan una risa maliciosa entre los escuchas.
El carnaval usualmente acontece en los meses de Enero y Marzo; aunque no tiene
fecha de inicio, todos y cada uno de los habitantes saben exactamente cuánto
comienza y cuándo termina. Entre los elementos tradicionales de esta fiesta tenemos a las humishas, palmeras que han sido extraídas de
remotos lugares, pues las que se hallaban cerca fueron desapareciendo mientras
se perpetuaba el fulgor de esta fiesta. Para los botánicos, las hay del género Euterpe "huasaí", Socratea "sachapona" y hasta Iriartea "huacrapona". Pese a la alegría que esta fiesta genera en sus fanáticos, hasta la fecha nadie ha medido el triste impacto ambiental de esta celebración ni cuál sería el beneficio del abandono de esta tradicional fiesta.
La celebración del carnaval goza de una fama nacional. Lo celebran en la Costa, Sierra y Selva, lugares cuyas carencias del recurso hídrico se muestran conspicuas en el IV Censo Nacional Agropecuario (2012), según el cual, la superficie agrícola no trabajada es de 774 882 ha (30.1% del territorio nacional peruano es de uso agropecuario), y se debe principalmente a la falta de agua, que en Costa es de 55%, Sierra de 32% y Selva 13%. Ante esta problemática, ¿puede el carnaval constituir algo más sino un despilfarro de agua? Sobre la extracción de palmeras también es preciso mencionar que nace un grave problema. De las palmeras mencionadas, Euterpe y Socratea suelen habitar lugares tan poco explorados como valorados, conocidos como "aguajales", hábitats dominados por el "aguaje" Mauritia flexuosa, cuyas condiciones ambientales y de saturación de agua hacen posible la convivencia de especies únicas que no podrían sobrevivir en bosques de tierra firme. La remoción de estas palmeras modifica el microclima de estos "aguajales" al abrir la cobertura vegetal y permitir el ingreso de más rayos solares, los cuales evaporarán paulatinamente el agua estancada y merced la cual es posible contar con grandes montos de carbono acumulado en el suelo (Lahteenoja et al., 2009).
Sin mencionar los accidentes y muertes que se añaden a la estadística, el carnaval no solo es una amenaza para la distribución justa del agua, sino también para la biodiversidad.
Sin mencionar los accidentes y muertes que se añaden a la estadística, el carnaval no solo es una amenaza para la distribución justa del agua, sino también para la biodiversidad.
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