11/3/16

"Otro día"


En la película, En busca de la felicidad, Christopher Garden sostiene la siguiente conversación con su hijo: 
Hijo: ¿No íbamos a ir al partido?
Chris: Depende. Yo no he dicho que vayamos a ir al partido.
Hijo: Dijiste que probablemente.
Chris: No, yo sólo dije que posiblemente... Probablemente significa que hay bastantes posibilidades de que vayamos al partido. Posiblemente significa que puede que vayamos o puede que no. 
Hijo: Vale...
Chris: Entonces, ¿qué significa probablemente?
Hijo: Que hay muchas posibilidades.
Chris: Y, ¿qué significa posiblemente?
Hijo: Pues... ¡que no vamos al partido! 

¿Le parece familiar? ¿Cuántas veces, como padres, hemos desviado la ilusión de nuestros críos con frases tales como "posiblemente", o quizá "otro día"? En un día de Noviembre, en la ciudad, me encontraba viajando sin destino en el transporte público, disfrutando de lo que parecería uno de los pocos momentos en que no tengo nada de qué preocuparme. En el asiento trasero, viajaba una familia constituida por los padres y dos niños cuyas edades oscilaban entre 3 y 4 años. De pronto, uno de los pequeños se dirigió a su madre con voz trémula y no sabiendo muy bien si su petición sería acatada:

- Mamá, no quiero ir al jardín nunca más. Nunca más.

La madre, ignorando las razones por las que el pequeño nunca más deseaba asistir al jardín, le respondió:

- Pues tendrás que ir. Mañana es el día de tu actuación y ya hemos comprado tu disfraz. 

En su último intento por disuadir a su madre, el pequeño solo atinó a replicar:

- Quiero ir otro día.

Luego del suceso, no pude evitar pensar en lo que ese "otro día" significaría para el niño, o lo que los padres quieren dar a entender cuando lo dicen. Por ejemplo, si usted es madre o padre, probablemente le resulte familiar expresiones de inclemencia tales como "mejor otro día", "¿qué tal en otro momento?", "Ahora no", dichas en situaciones en que sus hijos han deseado algo  y usted se los negó excusándose en el futuro, en ese "otro día" que quizá nunca llegará y que nunca llegó. Con el tiempo, estas frases se van acumulando en el acervo de palabras que a diario les heredamos a nuestros hijos, y junto con la decepción, "otro día" se vuelve más bien en un sólido "nunca".

Como madre, debo aceptar que una de las tareas más difíciles es entablar negociaciones con los hijos, y no tanto por que ellos no entiendan nuestra defensa cuando queremos llegar a un acuerdo, sino porque la propia impericia de una madre primeriza me hace cometer errores en este arte. No cabe duda que Joan Manuel Serrat tenía justa razón cuando nos deleitaba cantando "a menudo los hijos se nos parecen; así nos dan la primera satisfacción". Procuremos que esa semejanza sea la mejor versión de nosotros mismos.

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